“Una segunda piel para su propietario. Aquí comienza el baile de Campo Baeza con las transparencias arquitectónicas. Un manifiesto a su arquitectura. Una casa que vive por y para contemplar la naturaleza”.

Nos encontramos a las afueras de Madrid, a 40 minutos de la capital en plena naturaleza.

El entorno es una urbanización privada sumergida en un bosque de monte típico madrileño, plagado de jaras y encinas, y con unas vistas excepcionales a la sierra.

Visitamos el refugio del gestor cultural y comisario de arte Paco de Blas, y es cuando nos sentamos junto a él en la planta superior de su casa cuando entendemos por qué eligió este lugar y por qué su arquitecto Alberto Campo Baeza decidió diseñarla de esta manera.

Paco más que de espacios concretos le contó al arquitecto el uso que quería hacer de su casa. Su estilo de vida, la necesidad de vivir con arte, su gusto por la lectura, su pasión por la música y sin tener que preocuparse en poner límites de volumen…

A partir de ahí Campo Baeza diseñó esta casa y pidió a Paco que le dejara crear libremente.

El resultado es una roca más del paisaje, alejada de miradas, reservada y casi imperceptible desde fuera.

Su forma nos recuerda a un barco que flota en la naturaleza con discretas ventanas en su casco, a modo de escotillas, para mantener la privacidad, insonorización acústica y eficiencia energética.

En la planta superior tenemos la cubierta donde hay una caja de cristal, que bien podría ser el puente de mando, donde hay vida exterior e interior, ya que dispone de una piscina al aire libre y comedor con vistas, además del salón acristalado.

La construcción se emplaza en la naturaleza como principal observadora y admiradora del entorno, pero sin bajar a tierra para no ser invadida por la misma ni salpicada por sus olas. La deja ser y crecer a su antojo, conviviendo de forma natural.

No tendría sentido que esta casa tuviera un manto verde por jardín, fruto de la manipulación del hombre. Este barco navega sobre la naturaleza intacta, pura.

En la planta de arriba hay un claro juego de meter la naturaleza dentro y el espacio interior fuera, a través de transparencias con las que consigue un efecto óptico de límites indefinidos de forma magistral.

Esta parte superior es el perfecto mirador, que gracias a este diseño y al desnivel del terreno, maximiza y aprovecha las mejores vistas que la parcela podía ofrecer.

Hay dos zonas diferenciadas en la vida de esta casa. La más íntima y cotidiana, que se ubica en la planta principal con una distribución simétrica entre ambos lados y cuyo salón comedor definen la vida principal del espacio.

Una vida social, construida en torno a la mesa y rodeada de obras de arte y diseño, como son sus incondicionales piezas de Alvar Aalto, su funcionalidad, comodidad y diseño son un clásico que nunca le cansan.

El arte en su casa es imprescindible y va cambiando según su momento vital o vinculación a determinados artistas, personas y/o momentos.

La casa recoge áreas diferenciadas para sus grandes aficiones, la lectura y el cine. El espacio cuenta con dos suites exactamente iguales, una en cada extremo de la casa. Cada suite tiene su dormitorio, vestidor independiente, baño y un salón privado. En la actualidad Paco usa un salón privado de su suite principal como despacho y sala de lectura y el otro como sala de cine.

Para una pareja más convencional o familia con necesidad de más habitaciones, ambos salones se podrían cerrar consiguiendo en el mismo espacio dos habitaciones extras, sumando cuatro en total.

 

Después de 20 años la casa que le diseñó Campo Baeza sigue siendo su casa perfecta y eso no es fácil decirlo después de vivir un espacio.

 

 

Ahora se plantea un cambio de vida, una nueva etapa que le lleva a un entorno más urbano por lo que cierra un ciclo y por ello pone en venta su refugio singular.

Nos vamos de nuevo a su área social, espacio con arte que Paco ha ido cambiando constantemente a lo largo de estos años con diferentes obras y es el que da la bienvenida a los invitados.

Incluso las obras expuestas actualmente podrían ser adquiridas con la propiedad, ya que como nos comentaba Paco, el arte siempre cambia en su vida por momentos, no colecciona, lo disfruta durante un tiempo. Le hace más feliz que la mera posesión.

Paco es práctico ante todo y se refleja en su casa, siempre mira hacia adelante sin apegarse a las cosas… menos probablemente a su mobiliario de Alvar Aalto.

Le gusta viajar ligero de equipaje.

Aunque le gusta la sobriedad, con el arte podríamos decir que es colorista y arriesgado.

TS. Paco, ¿podrías hablarnos de las obras de arte que hay actualmente en tu salón?, ¿de quién son?, ¿qué te aportan?.

PB. En estos momentos hay una serie del pintor brasileño Yan Guaracy, creada sobre la realidad espiritual del mundo de los orishás. Fue una serie pintada en la propia casa, lo que le da un aire de “estudio de artista” revitalizante.

 

TS. Respecto al mural que nos da la bienvenida. ¿Quién es el artista?, ¿qué querías conseguir con este mural?

PB. El mural  es de Antonio Macia que combina perfectamente con la tónica de color de la casa. En un entorno minimal, de arquitectura rigurosa, quise introducir el informalismo casi grafitero, la inspiración más orgánica, como contraste con el entorno.

 

TS. Háblanos de alguna de las obras que podrían adquirirse con la casa.

PB. Las de Yan Guaracy están a la venta. Es una etapa del artista que se cierra y quiere compartir.

(Las podemos ver en las imágenes del salón, colocadas sobre el sofá).

 

TS. ¿Podríamos decir que esta casa es la que ha marcado un antes y un después en el estilo arquitectónico de Campo Baeza? Sabemos que esta casa ha inspirado obras de mayor envergadura como la casa Olnick Spanu en NY o Casa del Infinito en Cádiz. ¿Por qué será siempre especial en su colección de proyectos Casa de Blas?

PB. Es el canon, la proporción perfecta, no está sujeta al programa de necesidades, sino a la propia dinámica de la forma.

 

TS. Tú que has disfrutado tanto en esta casa, ¿cuál es tu momento y lugar favorito del día en este lugar?

PB. Depende mucho de los ciclos estacionales, pero lo que el arquitecto llama el belvedere, la parte de cristal es, siempre, una invitación a la calma frente al océano verde que se extiende a sus pies en invierno y en verano. Estamos en un encinar.

 

TS. ¿Pisamos tierra en algún momento del día (uso del jardín/campo)?

PB. La casa queda completamente vinculada a su entorno, el dentro-fuera es un movimiento inevitable, en invierno y en verano. Fue concebida para vivir “en” la naturaleza.

CASA DE BLAS busca ahora nuevo propietario. Precio de venta 640.000 €.

Fotografías: Rebeca Patillas.

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